Tina Marie

Diario íntimo de una mujer joven ex prostituta

martes, 22 de julio de 2008

“Planeado de antemano=Muy deseado”

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Hay que recordar que yo seguía atrapada por su abrazo, con mis brazos pegados al cuerpo. Lógicamente, sus palabras me intrigaron, de hecho, yo diría que hasta se me bajó la calentura por la curiosidad. ¿Qué cosa podría ser más fácil conmigo que con mi loca amiga, siendo ella la maestra en tener criterio amplio y ver con naturalidad las cosas naturales de la vida? Me limité a preguntarle, “¿Qué?”. PonchI sonrió ligeramente y volvió a darme besitos, esta vez un poco menos profundos, aunque de cuando en cuando me metía la lengua en la boca. Al mismo tiempo, comenzó a moverse haciendo que su pubis topara con el mío. Este movimiento, hizo que yo, instintivamente, abriera las piernas, a pesar de que no había penetración. Aún así, con las piernas bien abiertas y hacia arriba, cuando mi boca quedó libre por un instante le volví a preguntar, “¿Qué?”. Su boca estaba casi pegada a la mía, así que la volvió a unir. Fue entonces cuando me contestó: “M-jrrl a ca…mhhh…”. Desde luego que no pude entenderle, así que mientras sus labios oprimían los míos le pregunté de nuevo, “¿Kkk…hghg?”. Ahora me respondió: “Kkk..mnch-sl a…cam…hhh”. Comprendí que debería de esperar a que nuestros labios se apartaran para repreguntar. Afortunadamente, PonchI me soltó para empezar a besar mi cuello, cuando volví a preguntar de nuevo. Mientras me lo lamía me respondió algo como: “Que…mo…jes…la…cam…a… Que…man…chesl…a…ca…mhhh.”. Por fin le entendí y me tranquilicé. Mojar o manchar la cama, nunca ha sido difícil para mí en realidad. El problema siempre ha sido el evitarlo.
Mi amigo se quitó de encima de mí, bajó su mano y comenzó a dedearme la vulva. Como pude, entre gemidos y sollozos, le dije que no era necesario tanto, que con que me penetrara sería suficiente para lograr lo que él deseaba. Antes de soltar mis genitales me dijo que desde que planeó esa cita, tuvo la idea de hacerme mojar la sábana y que no sólo nunca la lavaría sino que recortaría el pedazo húmedo y después de haberse secado, lo guardaría. Recuerdo esa conversación porque me volvió a decir lo mismo después de que habíamos acabado. De algo sirvieron mis palabras porque, recuerdo que tenía los ojos cerrados y las piernas flexionadas, cuando sentí que me abrió las nalgas y los labios, supongo que para inspeccionarme si ya estaba lo suficientemente húmeda y que ya no hubiera necesidad de dedearme más.
Por fin desistió y pude enderezarme para bajarme y empezarle a hacer oral. Él se colocó sobre su costado, yo sobre el mío y mi cabeza a la altura de su verga. La traía, como siempre, simplemente engruesada, no parada por completo, así que se la empecé a chupar suavecito. En segundos estaba lista para que me la metiera sin problemas. Se la dejé de chupar y rápidamente me moví más al centro de la cama, abrí, flexioné y levanté las piernas para recibirlo. Me penetró con la gentileza que siempre le caracterizó y que casi nunca perdió, salvo algunas ocasiones en que, supongo que se desesperaba y se movía con mayor violencia.
Me sentía algo aturdida por las ideas locas de PonchI. De nuevo, no parecía ser PonchI, sino Ross con el cuerpo de PonchI. Dicho de otra manera, quizá si Ross hubiera sido hombre, se le habrían ocurrido “disparates” (Para mí, a esa edad y con esa poca de experiencia, eran disparates. Después aprendí que a muchos hombres les gustan ciertas cosas que, ahora, simplemente considero especiales…) así. Y como siendo mujer, no podía, es decir, ¿Para que quiere una mujer guardar una sábana que ella misma manchó? Hacía que PonchI lo hiciera por ella, o eso pensaba yo…




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